Carta desde mi infancia



Esta tarde lluviosa recuerda el vals de Amelie bajo un paraguas moteado, mientras una caja de música suena en el escaparate de una juguetería empolvada. Mis ojos brillan como entonces, como cuando era niña. Saltaba los charcos de barro y bebía el jugo de las nubes exprimidas en verano. Un cigarrillo con gabardina me observa sin querer y yo viajo a la infancia...
Weimariano, ven, está lloviendo a cántaros, quiero ver llover contigo, vamos a aquel puente frondoso desde donde lanzamos piedras, quiero oler a hierba fresca, quiero que me acompañes en este viaje verde, Tú, pequeño Weimariano.


Cierro los ojos y una inmensa paz recorre mi existencia...La puerta se ha abierto y todos los monstruos escapan, es la noche de la fantasía.

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3 Mordiscos:

    Se percibe el aroma a infancia, la hierba, el barro, esa lluvia que jugueteaba cuando niñas... Melancolía que sólo se evade, así, regresando a ese mundo.

     
    On 7/01/2010 12:27 p. m. Álvaro dijo...

    "La puerta se ha abierto, todos los monstruos escapan, es la noche de la fantasía." Fantástico!

     

    No creas que no me seduce la idea, y mucho.
    Ya me gustaría empaparme de la lluvia a tu lado, y no secarme como me seca la correción de exámenes, áridos, muy áridos.
    Ya me gustaría oler a hierba en tu compañía, a hierba húmeda, y no al papel de cientos y cientos de hojas tristes, sin alma muchas de ellas.
    Ya me gustaría, ya.
    Quizás... si abro la puerta...
    Quizás... sea ésta la tarde-noche de la fantasía.
    :-)

     

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