Vegetales

Gumer, la manzana asesina



Sueño vegetal,
con apio y puerro.
combate a presión,
monstruo de vapor.
                                            (insano)

Sueño vegetal,
de espárragos snobs,
duque de Salmorejo,
tierras de Col en Bruselas.

Señora alcachofa,
lo nuestro es un error,
el Brocoli rapea.

Sueño vegetal
1, 2, 3.
Ruperta podrida.

Olor a fregasuelos,
a cabeza hueca,
sabor a sueño vegetal.

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III

Mar (zo)

Y sólo quiero morder rayo
quemar la sed de aliento,
sentir tu voz en mí             (garganta)
aquí dentro.

Y sólo quiero pasar tu letra
arder la furia roble,            sobre piel,
buscar tu norte, tu sur,
tu este y tu oeste.

Y solo quiero, de ti,
a ti, en ti, tu ser.

Y solo quiero, de ti.

Y sólo quiero beber a ser,
ahogar la espera en rojo, en azul,
vivir aquí el imperfecto.

Y solo quiero.

Y solo.

Y...


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Pescado Crudo

Denia. Castillo.

Óxido.


Pescado Crudo


Si miras desde fuera
verás ese agujero insano
que crece y se desarrolla
como un parásito intestinal
mal aferrado.

No te asustes.
sólo se esconde de tu raíz.

Si miras desde fuera
verás ese ojo de esmalte gris
que escupe luz y vida
allá donde comienza la cordura.

Cordura transitoria de los locos,
                                   (esos animales racionales)
que desvelan la vida oculta de la palabra,
recorriendo su geografía desnortada.

Acércate al umbral
donde comienza la razón.

Si miras desde fuera,
jamás podré leer el mapa
que gime y reluce
bajo tu piel.

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Tombeaux

R. Demachy, Struggle (1904)

Tombeaux

Sí. La muerte come nueces,
se derrite la cera en sus pupilas
y busca insaciable la tumba profanada
                                          (que soy yo).

El miedo está húmedo y corta,
la sal extingue rosas sin espinas,
devora el rojo corrosivo en su pecho
y muerde la vida con desgana.

Sí. La muerte come nueces,
se ríe del polvo en la vitrina
y encuentra su mano hundida
en esa herida                     (que soy yo).

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"Mais l'enfant, épanchant une immense douleur,
cria soudain: ''Je sense s'emerger de tout mon être un abîme beánt; cet abîme est mon coeur!". C. Baudelaire

Hiroshima Mon Amour


Hiroshima Mon Amour

Y te encuentro a ti.
Te recuerdo.
¿Quién eres?
Me esatas matando.
Eres mi vida.
¿Cómo iba yo a imaginarme que ésta ciudad
estuviera hecha a la medida del amor?
¿Cómo iba a imaginarme que que estuvieras hecho
a la medida de mi cuerpo mismo?
Me gustas. Qué acontecimiento. Me gustas.
Qué lentitud, de pronto.
Qué dulzura.
Tú no puedes saber.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Me estás matando.
Eres mi vida.
Tengo tiempo de sobra.
Te lo ruego.
Devórame.
Devórame hasta la fealdad.
¿Porqué no tú?
¿Por qué no tú, en esta ciudad y en esta noche
tan semejante a las demás quese confunde con ellas?
Te lo ruego...        
  
M. DURAS

Domingo por la tarde

 Porque hoy es Domingo, porque la pluma está seca y no encuentro la palabra exacta para acabar.

 

Colisión Frontal

Colisión frontal

photo by Ouka Leele


Revives como aquel
que hunde su rostro en la bañera
buscando aligerar la carga de sus días.

Intentas descender al origen de tu mal
en una noche de azúcar quemado con olor a sal.
Mientes cuando dices: "au-lait, mon amour",
mientras diseccionas cadáveres con tus asesinas.

Noches de culo, de botella,
óleos empolvados que cubren fantasmas blancos,
buscando el verde luminoso
al apagar la luz,
al pronunciar Jaque.

No me agarres la mano,
ahora me toca a mi,
Black Devil you're dead.
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Mi Odradek




Hoy es día de ciprés,
de Leucótea cegada.
Muere en lo más profundo,
brota un suspiro derrotado.
Hoy es día de aullidos silenciosos,
de combustión espontánea.

Hoy, cometí el peor error:
arranqué el tuétano del recuerdo:
mordí su rodilla extranjera.

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" Sobre su hombro se ha posado un ser inferior y más oscuro: un odrarek que ataca su alma, la estrecha y la aprieta, la rejuvenece y, a su modo, la inmadurece". 
Vila-Matas



Ladrido



LADRIDO


                                                        Ahora su cuerpo será ceniza,
                                                        mezclada con Troski,
                                                        con Gus o Renard.
                                                        Fértil abono
                                                        de un olivo,
                                                        de un manzano
                                                        o un parque sin sombra.

                                                        Ahora su cuerpo será ceniza,
                                                        corriendo en libertad por el campo.
          [que tanto amaba]
                                                        Sus ojos huecos, de soledad,
                                                        enfermos lloran com-pasión.

                                                        Ahora su cuerpo será ceniza,
                                                        el ladrido quemado
                                                        brota una brizna de hierba.

                                                        Su anorexia amoratada
                                                        del sábado en la noche,
                                                        callejea sin luz, sin patas.

                                                        Ahora, su cuerpo será ceniza,
                                                        polvo de una vitrina de trofeos
                                                        dorados y elegantes.
                                                        Primer premio local,
                                                        Tercero en un concurso de caza,
                                                        de bronce en ajedrez.

          ardió, 
          humeó, 
          se secó.

                                                        Su cuerpo será ceniza, 
                                                        será desierto,
                                                        será foso,
                                                        será  fefer siempre.

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La soledad es la antesala de la muerte

La soledad es la antesala de la muerte





Húmedo y temblando ladró.
El reloj ha muerto
y ya nada parece real.

Vagas ganas de morir,
de dejarse morir.

Una voz comunicando
me presta su garganta
y me ahorca en cifras.

"La soledad es la antesala de la muerte".

Muerte nº27.

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I.  Lunes de León




Parece como si nada hubiera cambiado. León vestía igual que entonces: una camisa de cuadros algo desgastada y unos 501 que se había "apañado" de una bala de ropa que llegó de yo que se donde en bastante buen estado y de la que había sacado buen provecho para su tienda. León tenía un local de ropa de segunda o tercera mano (qué se yo) que él mismo restauraba y verdaderamente hacía maravillas, era capaz de convertir una simple blusa en una señora blusa de aspecto impecable y eso por no hablar del tejido vaquero. 
Ahora paseando por la calle del local, me parece sentir de nuevo a León con su Singer heredada cosiendo y arreglando las balas, el olor a almidón que rezumaba por la puerta en los meses de mayor calor.
No entiendo por qué nos hemos distanciado tanto, quizá el amor es la causa, y quizá es justamente la que nos uniría tiempo más tarde.
Era una mañana triste de domingo, tenía frío y el sofá me absorbía como un imán, pasé la mañana, el día y la noche viendo la televisión. Me dolían los ojos, pero me sentía aburrida y sola, tanto que no quise ni levantarme a cambiar de canal, la verdad que no me importaba lo que estuviesen echando en la tele, tenía la mirada perdida en el horizonte de los cogotes del público del programa de ana rosa o el de crónicas marcianas, no recuerdo bien, pero era interesante mirar lo que la gente hacía mientras estaba en directo, quería ver si alguno de ellos estaba como yo de asqueada, fue gracioso descubrir varios de estos tipos rondando entre el público: señoras que van sólo a zampar y a ver famosos y luego se duermen cuando toca debate político, hombres con cara de intelectuales que miran hacia otro lado o nunca pestañean... 
Esa mañana de domingo me mantuve ínmovil, casi en estado vegetativo, no tenía fuerzas ni ánimo para hacer algo provechoso y claro, no se me ocurrió otra cosa que perder el tiempo a propósito.
Por la tarde, el teléfono sonó repetidas veces, la lavadora quiso que le prestara atención con un sonido igual de insoportable que el de un recién nacido, pero yo no me moví del salón. Por un momento pensé que alguna llamada podría ser importante, aún estaba esperando que viera la luz mi proyecto, pero ese domingo veía todo lejano, imposible y decidí transformarme en vegetal por un día. Acabé inconsciente en el sofá con la postura propicia para la tortícolis y el mando de la televisión colgando de mi muñeca. A eso de las 6 de la mañana me despertó el suicidio del mando, lo tomé como un suicidio ante el ajetreo del domingo, como si intentara huir de la presión que ejercía mi soledad, mi aburrimiento asqueado. Y es cierto, en verdad que ese día tanto el mando como yo nos suicidamos un poquito, muy poquito. Me puse una chaqueta, mis botas y salí a la calle a prisa a desayunar algo al bar que hace esquina, un pequeño antro venido a menos, menguado por los litros y litros de vino que había absorbido la madera del suelo. Era mi lugar favorito para desayunar, siempre estaba húmedo, como una cueva, y olía a taberna antigüa y eso me traía muchos recuerdos.
En aquella taberna una tarde de noviembre conocí a León que, por aquel entonces llevaba una sudadera de los Judas Priest con pelotillas y leía libros de filosofía y algún que otro de poesía. Esa mañana me acordé intensamente de él, más que otras veces, vi sus ojos tímidos escondidos tras sus gafas adentrándose en El Fin de la Eternidad de Asimov, y me acordé que me llamó enormemente la atención. Pensé en acercarmé, y charlar sobre Asimov o sobre música, pero lo vi demasiado precipitado y me daba un poco de vergüenza, la verdad, asi que, en un trozo de servilleta empecé a escribir mi concepción del tiempo, de la libertad y acabé casi llenando la parte delantera. Por detrás le pregunté su opinión y puse el teléfono del bar, (ya que entonces yo era camarera de aquel antro) se lo entregué junto con la cuenta y me marché ipso facto.
Desayuné con ansiedad, engullendo la tostada y bebiendo el café en tiempo record, sin caer en la cuenta que no había comido nada desde hacía dos días, hasta que sentí la necesidad de repetir desayuno. Fue entonces cuando Mario, el jefe del local me preguntó si estaba bien, si necesitaba ayuda. En un primer momento mi orgullo casi manda a la mierda su proposición, casi caritativa. Realmente no sé que intentaba conseguir con esa actitud. Tras un largo silencio, me cogió la cara con cariño y me miro con ojos paternales, como si esperase que su "hijita" le contase que tal le ha ido el día. Mi orgullo desaparecío por completo y le conté lo que pasó con León y las ganas que tenía de volver a verle de nuevo, incluso se me escapó preguntarle si sabía algo de él. Mario era lel adulto más inocente y bueno que haya conocido jamás, era regordete, simpático y siempre hablaba de su "Atleti del alma". Su mujer era estéril y él me cogío gran cariño, creo que por eso. Adela, su mujer , de vez en cuando me preparaba tuppers de comida casera para llevar a la universidad y me planchaba la ropa a diario por qué según decía ella: -Hija, no puedes ir por ahí como los "jipis" esos que son unos dejaos de la "vía". Siempre me hizo gracia como hablaba, la concepción tan cerrada que tenía y su inmovilismo o cabezonerismo (según se mire) en sus posturas.
Fueron mis padres adoptivos durante muchos años y yo, su "hijita" ficticia.

(...)
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Distancias fingidas

Distancias Fingidas




"One thought fills inmensity" W.Blake

El sabor de su sonrisa recuerda la carta perdida
en un rincón de la escalera,
                                        de piedra.

El silencio es la soledad más sonora del mundo,
las letras, sucias prostitutas que emborronan el papel.

Tu objetivo enfoca el cuerpo de una top de pasarela
y sonries con la mirada extraviada tras un guiño forzado.
 

Corta la línea discontinua

no seas cobarde,


desgarra el papel

y mírame a la cara.


"One thought fills inmensity" W.Blake

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PutreFacto

                                                                     Dalí, Lorca. "Los Putrefactos"

PUTREFACTO

Aún guardo tu perfume
enfrascado en mi saliva,
nadando en lágrimas de sal.

Tu pelo acaricia la soledad
del nido vacío y la paja desnuda.

Aún pisas la herida abierta
con pies de hierro y mi cuerpo
se hunde en tu barbilla.

Tú, desorbitas los satélites
y quemas el mundo con tu acento.

La gravedad de las palabras
se instala en mi garganta
y aún te deshaces
en la morbidez de la carne.

Está fresca, abierta,
y empieza a cubrir el cielo
con su hedor putrefacto.
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Pataleta

Pataleta



Quiero mis cinco años,
¿Donde fue la inocencia?
Quiero olvidarme del por qué de una rabieta
y sonreir con chocolate entre los dientes.
Quiero mis cinco años
más que nada, más que todo.
Quiero mis barbies y sus aventuras con playmobil.
Pero sobre todo,
quiero mis cinco años de soledad apacible
mis cinco de adormecida realidad
que hacían del mundo una hormiga     (roja)

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La soledad de las canicas

La Soledad de las canicas




Era la primera vez que sentía la nieve.
Su cuerpo se derretía bajo aquella luz intermitente.
Estaba inmóvil y la nariz rosada
como aquel adorno de los chinos
que brillaba en el escaparate de la esquina.
Su boca, leña viva, fuego silencioso,
se abría al cielo adormecido y cruel
mientras sus manos abrazaban al frío diciembre.

Era la primera vez que veía la nieve.
Su cuerpo se extendía bajo aquella llanura imposible.

Era la primera vez que acariciaba diciembre
y sus ojos sentían la soledad de las canicas.

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Y si te quiero abierto...




Esa noche mis zapatos no estaban de acuerdo. Laura miró atrás, allí donde se pierden las gabardinas informes pero no vio nada. Absolutamente nada. Aún persistía el olor anestésico del blanco, continuaba el rumor difuso de su risa clara, casi ahogada en la laguna de las aves aulladoras. Nunca es lo suficientemente tarde para volver la vista atrás. Laura siguió avanzando en línea recta, no le gustaban las calles sinuosas y menos aún si eran oscuras y de mirada perversa. Siguió con cuidado cada chicle, que desde hace años había ido pegando al suelo día tras día, tarde tras tarde. Mientras el sabor a chicle se perdía en sus papilas, buscó la melancolía de las sombras fundirse en la acera, pegándose fuertemente sobre aquellas gomas aplastadas.
Ama la vida, los lunares y las hojas color de atrévete a pisarme y morirás, pero aún le gustaba más aquella cabina abandonada al final de la calle que llevaba al Gran Boulevard, aquella cabina en la que se podía leer:  ¿Te pego la Soledad?,  te pego de verdad. Le encantaba pensar en esa enfermedad y responder a aquella pregunta, también oxidada. Pero no lo entendía. En realidad no sabía bien en que consistía la Soledad, aunque fuera algo que le acompañaba desde su infancia.
Esa noche mis zapatos no estaban de acuerdo. Laura miró atrás y pensó en todo aquello que dejaba tras de sí, una estela de infinitas casualidades, pero decidió seguir,
                                                                                                         (sin mirar).
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Y si te quiero abierto...

Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.

Y es por eso que dejo resonar la memoria,
todas esas palabras de hilo que se enredan
en tu boca o la mía.


Chantal Maillard 



La debilidad del reflejo

La debilidad del reflejo



Perdona guapa, ¿Tienes un cigarro?
En ese momento quise avalanzarme 
sobre el humo extinto de su pelo.
No fumo;
pero esa noche me hubiera gustado perderme 
en la inmensidad de una calada, 
de esas que cortan la respiración.  

Pero no lo hice. 



Tengo miedo, 
miedo de encontrarme otra vez.
La calle estaba oscura y caliente, 
dos sombras borrachas anunciaban el ocaso.
No fumo, 
pero esa noche hubiera dado todo 
por ser la boca amarga del desengaño. 



 Esa noche hubiera rasgado la cal de las paredes 
en busca de respuestas.
No fumo,
te aspiro.
Y tú me dejas succionar tus gritos de espanto,
mis ojos se secan, se agrietan y te siguen.
Ya se ha consumido.
La colilla recuerda aquel error de madrugada,
su lengua moribunda llena de cardos y de espinos.
Ya se ha consumido.
Y continúa sin guantes ni bufanda.
Recorre la curva polar con su yema desgastada.
No fumo,
sólo te aspiro.
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Soledad

Soledad


¿Por qué me buscas, Soledad,
en el azul de mi vestido,
en la sal de las lentejas?

(Siempre te quise).

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Kevin, Kevin Carter

 El buitre al hoyo




Un nombre:
Kevin Carter.
Se ha clavado en mi pecho
con gran profundidad.
Aún más adentro.
Una lágrima
en sus ojos,
secos, perdidos.
Kevin Carter,
huye del mundo.
busca consuelo
en el raticida.
Volvió para encontrar
a White Pipe.
Quiso irse, 
que le dejaran marchar.
Kevin Carter,
carroña, tempestad,
ojo desnudo.
El taladro de la ignorancia,
el desprecio.
Batió sus alas.
Voló.
Kevin, Kevin Carter.

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Les tribulations d'un chinois en Chine

Les tribulations d'un chinois en Chine




Otro año más, el mismo frío de la cera derretida sobre la tarta. - ¡19 años no son nada mujer! me dicen las vecinas con el peso de sus años bajo una capa de crema antiarrugas. Diran que son poco años, pero para mi resultan cercanos a los 63, quizás porque últimamente me comporto como una jubilada: voy a cursos y talleres con el fin de distraer la mente, doy paseos por el parque, y sí, por qué no, me gusta dar de comer a las palomas de vez en cuando. Pero aún sigo sintiendo el vacío, la soledad de la existencia. Da igual que haya cumplido 19...o 63, la vida es la misma, la soledad se presenta por igual. No tengo la angustía de los octogenarios, ni vivo el carpe diem malinterpretado de los veinteañeros.
La voz robotizada del metro me devuelve a la conversación. - ¿Has probado a chupar una pila?. A Christian le gustaba romper los billetes de metro con los dientes y las cosquillas eléctricas de las pilas en su lengua. A mi también me gustaba esa sensación ácida. La gente escuchaba la conversación sin disimulo. Debía ser interesante hablar de chupar pilas. Mi mente volvió a salir del metro (nunca me ha gustado ese sitio).
Aún sigo buscándome, reconstruyendo poco a poco la fotografía devastada, nadando a crol en el desierto.
190 velas consumidas, 19 tartas, 19 años, 2 pulmones y una sonrisa.

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